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POR: BEATRIZ BOZA
Washington D.C. estuvo prácticamente cerrado toda la semana pasada por la nevada. A nadie se le ocurriría dejar de ir allá porque entendemos que se trata de un episodio puntual que no detiene esa ciudad, ya que cuenta con mecanismos colectivos (como seguros, planificación, prevención, etc.) y capacidad de reacción eficaz y descentralizada orientados a capear el temporal. A eso se le llama cultura ciudadana, que vincula a las autoridades y a la gente.

Machu Picchu está cerrado y, con razón, ya sentimos el impacto en nuestro turismo. Es que el cierre del santuario no solo es fruto de la naturaleza, sino de nuestra cultura. En vez de imaginarnos que los turistas son nuestros mejores embajadores, los vemos como el botín, que cual gallina de los huevos de oro debemos explotar. Allí están los precios que discriminan al extranjero, las tomas de aeropuertos, bloqueos de vías, robos y maltrato a turistas. Carecemos de una cultura de servicio al viajero.

“Debemos practicar con el ejemplo. Evitemos todo tipo de privilegios y tratos preferentes. Fomentemos en nuestros funcionarios una cultura de servicio y ejemplo”, fue la primera intervención de don Walter Piazza en el directorio de Prom-Perú. Consciente de que el primer contacto del turista con nuestro país se da en el aeropuerto, Piazza propuso desterrar cualquier trato VIP que nos ahorrase las colas que todos los demás tenían que hacer. Eso era un pasito hacia practicar con el ejemplo. Pero también están la puntualidad, de la que don Walter hace gala, la tolerancia a la discrepancia y la firmeza y persuasión en sus convicciones.

Él fue uno de los primeros en destacar la necesidad de tener una visión de largo plazo. Su intervención en la CADE de 1972 marcó un hito y sigue vigente porque solo si compartimos hacia dónde vamos podremos sumar esfuerzos para encaminarnos libremente a ese objetivo común. Fue pionero en su constante preocupación por fomentar el espíritu creativo en todas las facetas de nuestra vida, y convencido del inmenso potencial que tenemos los peruanos de crear un Perú mejor, lanzó en 1990 el premio Cosapi a la Innovación. Hombre culto, decente y apasionado del arte. Con qué ilusión me enseñó a apreciar la luz y textura en Tilsa, la fuerza y color en Miró, y la importancia de la cultura para el desarrollo de nuestra sociedad. El lunes cumple 86 primaveras de ejemplo y decencia. Aprovechemos el momento para revisar e incorporar en nuestro día a día los valores y el ejemplo que nos ha regalado a lo largo de su vida. Gracias, Walter.

Públicado en El Comercio el 25 el Jueves 18 de Febrero del 2010



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